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La guerra de los 40 años

Els Joglars
2001: Madrid. Espasa. También editado en catalán
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Descripción del producto

Para este libro que conmemora el 40 aniversario hemos escogido cuarenta imágenes, cuarenta fotografías que representan otros tantos momentos álgidos de nuestra carrera, metáforas de todo aquello que nos caracteriza, nuestro sentido del humor, nuestra procedencia, nuestras manías, nuestras condiciones irrenunciables. Las acompañan cuarenta textos a manera de glosario.( Els Joglars )

Al llegar a los cuarenta años de actividad teatral ininterrumpida los miembros de Els Joglars decidieron que el aniversario imponía una cierta meditación.

Este libro es el resultado de las conversaciones largas y apasionantes que los miembros de la compañía mantuvieron sobre la vida y el arte, la política y la libertad, sobre el amor y la venganza. Y, naturalmente, sobre su propio teatro, nunca doblegado por el comercio político o el comercio, y uno de los pocos que se enfrentan cara a cara con su tiempo.

Hablan Els Joglars y cuarenta inverosímiles años de guerra cultural, finalmente victoriosa.

Prologo de Arcadi Espada

I FUERA, LA PESTE

Durante el último año los iembros de Els Joglars se reunieron varias veces para hablar del arte y la vida. Habían llegado a la cuarentena y se imponía la meditación. Casi todos los encuentros tuvieron lugar en la casona de El Llorà, al pie del Collsacabra, una montaña que más bien parece un jardín inglés, al decir de Josep Pla, y que se cuenta entre los escasos lugares de Cataluña que han sobrevivido a la destrucción de los últimos cincuenta años. Uno de los grandes placeres de mi vida ha sido el de poder participar en esas sesiones, sintiéndome miembro de la compañía, episódico, pero con todos los derechos, entre ellos, el de gozar de la cocina de Monserrat Balmes y del silencio profundo, soñado, de la antigua finca de la muy burguesa Tecla Sala, que un golpe de fortuna y habilidad –uno de tantos- puso en manos de la cuadrulla juglaresca a mitad de los años ochenta.

Este libro es el resultado de una serie de conversaciones proyectadas sobre el presente a la manera boccacciana del Decamerón: fuera de la casa sólo corría la peste, y en su interior, sólo el ingenio, el placer y la fraternidad. Muchas tardes, mientras el sol se apagaba sobre los grandes ventanales del salón, y alguien explicaba una anécdota cualquiera de estos inverosímiles cuarenta años, de esta guerra finalmente victoriosa, de esta única guerra española ganada por los buenos, yo rezaba, l mismo que ante un libro maravilloso o una comida devastadora, para que no acabara nunca, para que nunca hubiéramos de volver a la ciudad y a sus planes empestados, para que la conversación siguiera hasta la noche y mucho más allá de las noches, con el mismo desprecio de las leyes físicas que los miembros de Els Joglars habían demostrado tener a lo largo de su carrera pletórica y soberbia.

Una carrera que afecta, por supuesto, al arte, pero sobre todo a la vida. Porque lo más hermoso de esta compañía, lo más envidiable, lo que por encima de cualquier otra cosa justificará el paso por la edad de sus integrantes, es, sin duda, la vida que han sabido darse. Han hecho el único teatro no copiado que se ha visto en los escenarios catalanes en los últimos años; el único que mantiene con su tiempo unas relaciones no escapistas; el único no doblegado por el comercio político o el comercio; han hecho, en suma, el teatro del “no” –un “no” cerebral, maduro, violento-, pero su vida es una constante afirmación: hay muy pocos creadores, no ya en Cataluña, sino en cualquier lugar; no ya teatrales, sino practicantes de cualquier disciplina, que puedan presentar una hoja de servicios a la vida más feliz, más equilibradamente escéptica, de una resignación más elgre que la de un miembro de Els Joglars. Preparan sus montajes durante el tiempo que creen necesario; tratan los asuntos que les apetecen; disponen de unos medios técnicos suficientes; comen, viajan y beben, y no le deben nada a nadie. ¿Cuántos actores, cuántos creadores cualesquiera, pueden presumir de lo mismo?

Me habría quedado allí para siempre. Pero hubo que volver a la peste para escribir este libro, reflejo insignificante de lo que fueron las cuatro estaciones en la casa encantada de Els Joglars. El lector observará una gran confusión en cuanto a las voces que narran esta historia. Una voz, la principal, que recorre tiempos y lugares con una gran omnisciencia; y otras intersticiales, que aparecen y desparecen sin tiempo, muchas veces, a identificarlas. No se quiebre la cabeza el lector: Hablan Els Joglars y cuarenta años. Es decir; miles y miles de voces y gestos, pertenecientes a la tradición artística más noble: aquella que, a diferencia de los atracadores, no se ha preguntado nunca si el arte o la vida.