La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla

LA OBRA

Estrenado 15 de septiembre de 1997 en el Teatro Romea (Barcelona).
Se representó hasta el 31 de enero de 1999.

La obra

Cualquier referencia al Mediterráneo desencadena automáticamente un sinfín de tópicos donde lo lúdico y lo sensual campan a sus anchas entre pinos que bordean un mar rabiosamente azul. Para evitar esta sobrecarga de poesía recreativa siempre es necesario precisar a qué Mediterráneo nos estamos refiriendo, porque la tribu donde yo vivo ni es lúdica, ni especialmente sensual y los pinos han dejado paso a los exabruptos urbanísticos en las orillas de un mar cada día más contaminado. Mi tribu está tocada por la esquizofrenia entre la materialidad descarnada y el sentimentalismo desenfrenado, o sea, entre la obsesión por el país y su contaminación descarada. Esta dualidad se extiende a las dudas de indentidad, de lengua o de relación amor – odio con los vecinos y todo ello configura lo que viene a llamarse rasgos diferenciales los cuales son motivo de general satisfacción. Es un rincón del Mediterráneo donde la mayoría de sus habitantes practican la transformación inmediata como el Dr. Jeckyll y pueden pasar de sublimes a groseros, de reprimidos a libidinosos, de introvertidos a pedantes, de creativos a mezquinos o de colaboracionistas a patriotas. Pero todo ello no significa tampoco unas reacciones muy distintas del resto de parques temáticos Nacionales, donde todavía pueden encontrarse estas atractivas personalidades en declive ferozmente individualistas, incoherentes y de pasiones poco prácticas para la convivencia con la Europa funcional y preservativa. Quizás porque estas tribus españolas tenemos como único rasgo en común el individualismo militante, lo cual no es poco.

De todo este conjunto caótico, Josep Pla realizó desde su masía del pequeño Ampurdán, una descripción excepcional capaz de trasformar la narración localista en Universal. Ello le sitúa no sólo como un gran memorialista de nuestro pasado inmediato sino también como el filósofo que, a través de su escepticismo positivo, nos proporciona las claves para convivir agradablemente con semejante mercado de la contradicción. Su simple descripción de unas sardinas de Cadaqués a la brasa, degustadas en una playa desierta, se nos convierte en la máxima aspiración metafísica del momento, es decir, el acto imprescindible para resistir nuestro futuro digital con equilibrio.

No obstante, a pesar de nuestra resistencia, estos matices culturales posiblemente serán engullidos por el nuevo milenio, como serán engullidos paisajes, patrias, tradiciones y orgullos diferenciales. Cualquier manía personal pagará impuestos y ya nadie se emocionará escuchando «La Dama d’Aragó» como lo hacen los protagonistas de la obra. Quizá sea lamentable, pero si de las nuevas directrices de Bruselas destierran para simpre los genocidios entre europeos, bienvenido sea el siglo XXI aunque lo sea a costa de una cierta clonización.

Mientras tanto, yo que soy un hombre de este siglo, individualista, contaminador, contradictorio y ferviente admirador de Pla, no puedo hacer otra cosa que esta «Increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla». ¡Qué le vamos a hacer! También yo seré engullido por el 2000.

La compañía

Es difícil resumir a lo largo de estos últimos 36 años, cuáles han sido los momentos más apasionantes, los más tensos o los más divertidos. El archivo acumulado por la compañía durante este tiempo representa el testimonio no sólo de una trayectoria teatral, sino también un fragmento de la historia del país, debido a la implicación social que ha caracterizado a menudo nuestro teatro.

Quizás los últimos años no han sido tan belicosos (algunos nos han dejado por imposibles) pero se ha conseguido, a cambio, afianzar una solidez en los métodos de trabajo, sin precedentes en el pasado del grupo. A veces, la guerra en todos los frentes no podía dejar de afectar la dedicación al objetivo esencial de la escena. Por ello, me atrevo a señalar los últimos tiempos como la obtención de una cierta utopía, tanto por lo que se refiere a la forma de trabajar como por las relaciones de respeto y aprecio mutuo que se han ido consolidando con los años.

Hemos vivido haciendo el teatro que nos ha apetecido, hemos practicado una desvergüenza y un descaro que nos ha evitado muchas úlceras y nos hemos divertido comprobando cómo se las provocábamos nosotros a unos cuantos prepotentes. Hemos sufrido también solidariamente que es, sin duda, una forma más agradable de padecer. No ha sido necesario comportarnos servilmente con los que manejan el cotarro y por ello nos hemos reído rechazando premios millonarios o parodiando a nuestros fieles detractores. Hemos gozado de una numerosa audiencia que ha sido siempre generosa y entusiasta, auténtica clave de nuestra supervivencia. ¿Qué más se puede pedir? ¿Quizás se me podría objetar que tenga el pudor de no escribir estas líneas para no fastidiar más a los que no han tenido tanta fortuna? Francamente no es mi intención. Cuento estas intimidades para testimoniar públicamente la posibilidad de existencia de un proyecto riguroso, duradero, apasionante, transgresor y rentable, sin necesidad de recurrir a la indignidad profesional que invade hoy en día a buena parte de nuestro gremio convertido a menudo en un colectivo de pedigüeños.

Ahora bien, muchos profesionales han aportado su generosidad y esfuerzo en esta compañía, les recuerdo con precisión uno por uno, incluso los pesados, – de los que también hemos sufrido alguna muestra- , pero que la distancia afortunadamente tiende a mitificar. No obstante tampoco escribiría hoy estas líneas sin el talento y la lealtad de Jesús Agelet, Jordi Costa, Lluís Elías, Josep María y Ramon Fontserè, Pilar Sáenz y Xevi Vilà, ellos son mis entrañables socios durante los últimos quince años. Ellos son en definitiva «Els Joglars».

Equipo artístico y técnico


Actores

Supuesto trabajador: Jesús Agelet
Supuesto trabajador: Xavier Boada
Povedano: Jordi Costa
Ramon Marull: Ramon Fontserè
Señora Ulrike de Marull: Minnie Marx
Supuesta trabajadora: Dolors Tuneu
Escritor: Xevi Vilà

Equipo técnico

Dirección y Escenografía – diseño: Albert BOADELLA
Ayudante de dirección: Lluís ELIAS
Figurines: Mariel SORIA
Asistentes a la dirección: Marc HERVAS – Xevi VILÀ
Escenografía – realización: Jordi COSTA
Escenografía – diseño: DINO IBÁÑEZ
Iluminación – diseño: Jordi PLANAS – Lluís QUINTANA
Atrezzo y telones: CASTELLS I PLANAS
Estructuras metálicas: TALLERS PASCUALÍN
Banda sonora: ESTUDI OIDO
Técnico de iluminación: Francesc MONTANÉ
Técnico de sonido: Josep PUIGDOLLERS
Gestión y producción: Josep M. FONTSERÈ
Distribución y gira: Els Joglars

GALERÍA DE IMÁGENES

PRENSA

La sardana esquizofrénica

ENRIQUE HERRERAS
Diario de Levante. 17/10/1998

Albert Boadella sigue teniendo un gran olfato para entrar desde lo teatral en el mundo social. Esa nariz que poseen algunos visionarios para adelantarse a los acontecimientos, o a la actual fiebre nacionalista despertada tras la tregua de ETA. De todas formas, una calentura ya latente con el pujolismo. Y si la mejor forma de combatir el exceso de grados en el cuerpo es la ducha, el director de Els Joglars lanza, con este montaje, un jarro de agua fría ante tanta utilización de sentimientos. Para ello utiliza la figura de Josep Pla, uno de esos exquisitos conservadores que aparecen, de vez en cuando, para bajar los humores a mucho pensamiento ingenuo y prepotente progresista.

Y, en fin, aquí Pla es excusa para hablar de la sociedad catalana, presentada de forma esquizofrénica, a ritmo de sardana. Pero también a ritmo ingenioso a través del mito de la doble personalidad inspirado en Stevenson y su Dr. Jekyll y Mr. Hyde. A partir de ahí radicaliza dos aspectos constantes de la sociedad catalana, el mundo de pagés en contraposición al materialismo de la ciudad. Pero si la ciudad no tiene salvación, sí el mundo rural.

Por ello se muestra Boadella depravado con el empresario que toma, como el profesor chiflado de Lewis, su famosa en otros tiempos -ya no cotiza en bolsa- loción de afeitar (Floit), y cambia de personalidad. Y le aparece una cara muy diferente a su nacionalismo como monetarismo puro, como megalomanía. Y así, el mundo rural sí que tiene quien le escriba, tiene a Pla, a quien Boadella le perdona todo, y le da la posibilidad de hablar sobre el bien y sobre el mal. Sobre la naturaleza, y sobre el sofrito para hacer un arroz negro (con buenas morcillas). Una posibilidad que hace herir la sensibilidad a más de uno (como cuando habla de Lorca), a la vez de desbrozar mucho ingenio y una visión de la vida vitalista y ecologista. Y ¿cómo es posible que alguien que ama tanto su tierra -Boadella aquí es más casolano que nunca, como Pla con su Ampurdán- no sea nacionalista? La respuesta estaría en algo que dijera Julián Marías: uno puede saberse perteneciente a una nación sin ser nacionalista, lo mismo que puede tener un apéndice sin padecer apendicitis...

Así pues, provocación al cuadrado y, sobre todo, la obsesión por el universalismo: el empresario no sale de los tópicos, y Pla muere con la música de The Beatles. Un montaje que da mucho que hablar. Pero no lo daría si detrás, delante y en medio no hubiera una sabiduría teatral de alta tensión. Indudablemente hay escenas menos conseguidas, algunas repeticiones innecesarias; pero de lo que no hay duda es que hay mucha inteligencia, teatral y de la otra.

Algunos echarán en falta la vistosidad y sátira de otros montajes, pero dicha pérdida se transforma aquí en un bello y ardiente lirismo. Cuando Pla habla, todo lo demás importa poco. Y, por supuesto, otra vez los actores están imponentes, con unas interpretaciones corporales y verídicas al mismo tiempo. Especialmente genial Ramon Fontserè en su doble papel. Y, en sí, un trabajo riguroso, pleno de registros y con poco tomate en el sofrito. Como debe ser.

Si tienen la oportunidad, acudan a las sesiones en catalán, ya que verlo en castellano es como ver una obra de Zorrilla en valenciano. Bueno, acudan de todas maneras.